Sofía descansa sobre la camilla médica de la Thunderhawk, su herida ha sido tratada por el apotecario Galan. Nos ha informado de que está bien, la espada demoniaca no ha dañado los órganos vitales. La Thunderhawk es del capítulo que sirve al Consejo Abrasado; los Templarios Negros. Prácticamente, nuestros hermanos, pues nuestros primarcas eran hermanos, el gran Russ y Rogan Dorn.
Detectaron nuestra posición con los escáneres de presencia, y por la gran nube de humo que había generado la batalla. Enviaran una escuadra de cruzados en nuestra ayuda, pero llego tarde debido a que le atacaron con armas anti-aéreas.
El comandante de la escuadra se hace llamar Ragnar Melena Negra, se escusa por la tardanza.
-No hay problema- le digo- incluso os habéis perdido una buena pelea.
-¿Demonios incluidos?
-Demonios incluidos- responde Patri.
-Demasiados conocidos- murmura Aroa.
Ragnar pone un rictus extraño, le digo con un gesto de cabeza que no pregunte.
Me acerco a Sofía y me empieza a hablar.
-¿Ese bastardo cabrón esta muerto?- me pregunta, sinceramente ya sabía la pregunta, Sofía odia a Frague desde que este dejo a Aroa haciéndola sufrir tanto.
-Si ha muerto- respondí.
- Cuéntame cómo murió.
- No lo sé.
-¡¿No lo sabes?! ¡Pero si tu le has matado!-me ruge, no con rabia sino con el tono de burla de siempre, si tuviera fuerzas me pegaría un golpe en el brazo.
-Me poseyó la rabia y comencé a golpearle con el martillo y cuando me di cuenta estaba golpeando un cadáver destrozado... y Aroa me miraba... cómo...si viera a un... extraño.
- Es normal, a mi me paso la primera vez que lo hizo Alex.
-¿El amor? O ¿dejar que le invadiera la rabia?
-¡Monstruo!- me dice y se ríe.
Curiosamente yo también me empiezo a partir de risa y, cuando me doy cuenta, toda la Thunderhawk, Templarios incluidos, se está riendo a carcajadas.
Cuando la nave toma tierra, de forma muy brusca, no tengo ningún pensamiento negativo. Además se nos concede un gran honor, el gran maestre de los templarios Negros no recibe, el mariscal Helbrecht, una autentica leyenda en las batallas, en especial contra orkos y demonios.
Su espada es muy parecida a la mía, me saluda con una reverencia y yo le devuelvo el gesto. Luego habla con Sofía sobre el viaje y sobre su estado de salud.
Por fin nos informan de cuándo será la reunión, tenemos tres días de descanso. Nos dan unos cuartos para dormir.
El mío tiene un escritorio con una silla típica del rango de oficial de la Guardia Imperial, me quito el cinturón y lo dejo sobre la mesa. Ve acerco a la ventana y miro por ella, el complejo que constituye el consejo es muy grande, armería, cuarteles, zona de vehículos, Templo del Adeptus Mechanitus, los campos de entrenamiento, la capilla y la gran sala del Consejo Abrasado.
Mientras miro por la ventana oigo unos pasos detrás mía, pienso que es Aroa, pero no es así, el olor es distinto al suyo. Me giro de golpe y agarro al intruso, lo sabía es un asesino, no de la orden, sino un asesino a sueldo.
Le golpeo la cabeza con la espada, el me arroja contra la estantería de la pared. Antes de que tenga tiempo a reaccionar, le disparo con el cañón oculto que llevo en la manga ensamblado al brazalete. Le acierto en un hombro, en ese momento, entran dos iniciados de los templarios y agarran al asesino por los brazos, rápidamente lo inmovilizan y le obligan a hablar. Me acerco a los iniciados que tienen al asesino, le abro la boca y me fijo en que no tiene lengua. Se lo indico con la cabeza a los iniciados, y ellos me responden con el mismo gesto, los tres alzamos nuestras espadas sierras y se las clavamos en la espalda y en el estomago. El suelo queda manchado de sangre, en ese momento entran Patri y Luir, jadeantes, traen malas noticias.
-Se han llevado a Aroa- dice Patri.
-Hemos visto por donde se la han llevado-complementa Luir.
-¡No!- salgo corriendo en dirección a la habitación de Aroa, está vacía salvo por el cuerpo de un asesino, al menos se defendió bien.
Corro a informar a Sofía, la impotencia empieza a corroernos a ambos cuando le cuento lo ocurrido.
Por suerte los hombres de Ragnar han puesto un localizador a los asesinos enemigos. No reúno a mis hombres sino que le pido a Sofía para ir solo a buscarla, al principio se había negado pero gracias a que Ragnar prometió que dos de sus hombres vendrían conmigo.
Elijo a los dos iniciados que me ayudaron a detener al asesino, con una velocidad enorme, nos dirigimos hacia el hangar de vehículos, nos dieron unas motos, una para mí y otra con sidecar para los iniciados, el sidecar llevaba un bolter incorporado.
Salimos a toda pastilla en dirección hacia los asesinos, los muy idiotas se han parado a acampar, se dan cuenta de nuestra presencia y huyen en sus motos, en una de ellas distingo un bulto de gran tamaño, Aroa.
Disparo desde la moto contra ellos, y derribo a dos, desenvaino la espada y golpeo a uno que huía a pie.
Los dos inciados abren fuego contra los enemigos y matan entre los dos a diez. Persigo a la moto que lleva a Aroa
Me acerco cojeando al bulto, es ella. El golpea le ha dejado golpes y arañazos en su bello cuerpo, hijos de puta, voy a hacer que paguen cada herida en su cuerpo.
De golpe veo que se acerca una figura negra y enorme, es un Dreadnought un bipode del Caos, un gran guerrero que fue demasiado valioso para perderse, pero demasiado herido para vivir, ahora ese guerrero se ha vendido al caos.
Ahora desearía llevar encima a Rompedioses, es buenísima para destrozar los blindajes de los vehículos pesados.
Le lanzo una granada de fusión a la garra, sale un gran humo negro de su brazo. Me intenta golpear con su otro brazo, esquivo por poco el ataque, procuro que el golpe no toque a Aroa. Me subo encima suyo y atravieso su mecanismo con la hoja de mí espada. Me alejo de un salto del bipode, que empieza a soltar un gran humo negro, cojo a Aroa y empiezo a correr hacia una moto. Empiezo a correr en dirección a la fortaleza, los iniciados nos siguen de cerca, mientras esperamos para que nos abran la puertas me giro hacia ellos.
-Gracias muchachos, habéis sido muy útiles, estoy seguro de que pronto seréis Hermanos de Armas- Les digo.
-Señor, ha sido un honor luchar con un hombre como vos- responde uno que se hacía llamar Mogin.
-Es cierto señor, las gracias teníamos que dároslas nosotros a vos por darnos la oportunidad de aprender de vos- respondió uno llamado Elías.
-Bueno, además de aprender hablare con el mariscal para que os premie por estas acciones- Les respondo, ponen cara de alegría.
Cuando entramos llevo en brazos a Aroa hasta la enfermería y le ordeno a los médicos que empiecen a curar las heridas, uno insiste en que espere a que acaben de comer, además de mandarle a la mierda, saco el arma y se la pongo en la cabeza.
Por suerte el mariscal Helbrecht hace otro tanto con su arma con otro médico que también protesta.
Bajo la supervisión del apotecario Galan, los médicos empiezan a sanar la heridas de Aroa.
Le pido disculpas a Helbrecht por las molestias, y él me contesta que hubiera hecho lo mismo.
En ese momento entran Patri y Sofía como una estampida de elefantes.
-Dios que impotencia he sentido todo este tiempo- dice Sofía.
Patri se mantiene en silencio, mirando fijamente a Aroa, huelo su preocupación, noto su tristeza, son hermanas y si una sufre la otra también.
Noto que no está presente Luir, raro, muy raro. Dejó de pensar en eso para concentrar toda mi atención en los médicos, parecen bastante profesionales, sobre todo cuando les han amenazado con una pistola.
Pasan dos horas y los médicos acaban su trabajo, más avergonzados por su actitud que enojados conmigo, llevamos a Aroa a su cuarto. Me quedo velando toda la noche, respira normal pero no abre los ojos.
Pienso que voy a perderla, que morirá por mi culpa, no me lo podre perdonar. Tengo claro lo que voy a hacer si ella muere, me subiré a la torre más alta y me arrojare desde allí, sin ella no quiero vivir.
No sé cuantos días pase esperando a que abriera los ojos, sin dormir, velando sus sueños en la oscuridad y veo ante mi momentos de risas y felicidad, esto me pone triste que, si ella no despierta, yo también quiero dormir por siempre.
Ya anochece, me arrodillo a un lado de la cama donde duerme Aroa y empiezo a rezar a cualquiera que me quiera escuchar. De repente noto una mano en mi hombro, Sofía, por primera vez en mi vida, la veo con los ojos rojos de tanto llorar.
-Lo siento-dije- es culpa mía.
-No, intentaste salvarla, mejor unos rasguños, que las atrocidades a las que la hubieran sometido.
-Solo tengo una duda ¿porque la Legión Negra se quería llevar a Aroa?
-No sé, tal vez tenga que ver con la resurrección de Frague.
-Sven.
-Claro, a él también han podido resucitarlo otra vez.
-Los ataques fueron para llevarse a Aroa, era una competición entre Sven y Frague-la rabia empieza a inundarme- y Aroa era el premio.
-Hijos de puta- dice-¿Qué será lo siguiente?.
-Estoy seguro de que pronto lo sabremos, sería bueno preparar la defensa de la ciudad.
Sofía se arrodilla a mi lado y los dos empezamos a llorar y a rezar junto a la cama de Aroa.
Pasamos toda lo noche rezando, por la mañana por fin despierta.