Dos días hemos tardado en llegar a las montañas, cuando llegamos nos damos cuenta de que alguien nos está siguiendo. Giro mi caballo y me escondo esperando la persona que nos sigue. No le salto encima porque reconozco la ropa y el caballo. Sofía.
-¿Qué haces aquí? ¿No te has quedado cómodamente en tu fortaleza?
- No me han enviado con vosotros, además Patri sigue siendo mi hija- contesta- Además he de avisarte de que Andrew ya le ha sacado quien le contrato para hacer el trabajo a ese bastardo.
-¿Quién?- pregunta Luir.
- El maestre de los asesinos.
-¿Alvarado?- Pregunto sorprendido- nunca lo hubiera pensado, pero ahora la prioridad es otra.
Comenzamos la escalada por las montañas, las paredes de piedra no son problema para nosotros, llevamos años escalando los muros de la tapias de la muralla.
Escalamos hasta la cima y allí no solo encontramos la caléndula sino también algo más, Asesinos. Solo son ocho, dos caen gracias a mi ballesta, dos mueren por los cuchillos de Sofía, y otros dos bajo la espada de Luir. Los dos restantes no son rivales para la hoja de mi espada.
Cuando empezamos el descenso, es el amanecer del tercer día, mierda, se nos acaba el tiempo. Cuando llegamos abajo, Luir y Sofía cabalgan hacia Brekkar, yo tengo que ocuparme de algo.
Por desgracia mi caballo ha muerto por el cansancio.
“Donde uno a caído otro se levantara”, mi maestro estaba en lo cierto, a muerto mi caballo, y otro se levanta. Es más grande que yo, tiene los ojos rojos, las patas tienen gravadas runas que arden y al cabalgar dejar una estela de fuego. Si conozco a este caballo, Ruina.
Mi nuevo caballo es algo increíble, no pertenece al cielo, pero tampoco al infierno. Solo conozco a tres que me enviarían este regalo, el Consejo Abrasado. Luego me comunicare con ellos, ahora toca llevar a cabo la venganza de Luir, pero yo solo. El no debe intervenir, esto es algo que debo hacer solo.
La fortaleza de los asesinos parece inexpugnable, pero no para alguien que conoce los pasadizos secretos. Me muevo por ellos como si los conociera de toda la vida.
Alvarado duerme sobre una cama grande a pesar de que, como Sofía, mide poco más del metro cuarenta.
Le atravieso con la espada en el acto, quemo la habitación y salgo por uno de los pasadizos secretos, con algo que me interesa bastante.
Mientras me marcho, observo desde la grupa de Ruina como la fortaleza arde y se desploma sobre sus cimientos, Luir se enfadara cuando se entere.
Pero disfrutara escuchando como agonizo Alvarado mientras mi hoja le atravesaba de par en par, la única que a lo mejor siente algo de pena es Sofía, porque lo que he encontrado es una carta de amor de Sofía a Alvarado, para mi tranquilidad es de hace cinco años. Mejor, así no tengo que preocupar a Alex, quemo la carta y me marcho a galope tendido hacia la fortaleza.
Cuando llego, y tras tranquilizar a los mozos de cuadra, principalmente, en lo de tener que buscar un espacio tan grande para un caballo, Ruina se vuelve bajo tierra cuando no cabalga sobre él, encuentro a Aroa saliendo de la habitación.
-No entres ahora, están teniendo su luna de miel- me informa.
-Qué alivio saber que ha sobrevivido- le dije-Pero…
-¿Pero?
-Te he echado mucho de menos- le acaricio el pelo al decírselo, luego le beso el cuello y por ultimo nos besamos el uno al otro, ya tendré tiempo de contarle a Luir y a Alex lo ocurrido, ahora mi corazón solo la quiere a ella.
QUE boooniiiitoooo ! TwT ^^
ResponderEliminar